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Leonidas Amaya, el primer escritor que conocí.

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Debió ser el año de 1963, cuando me llevó mi papá a Salamina, Caldas a visitar a su familia. En tiempo de vacaciones, íbamos a quedarnos varios días en un ranchito pobre y limpio en un filo de montaña que carecía de acueducto, electricidad y comunicaciones y donde dormíamos en el suelo, pero nunca nos faltó el cuidado de mi tía y la alimentación básica campesina.

Nos disponíamos a regresar a Pereira, cuando nos encontramos de casualidad en Salamina con su primo Leonidas Amaya (1927-2007), hablando con otro hombre llevando de la rienda un enorme caballo. Sin advertencia previa, mi papá me levantó en vilo y me sentó en la silla del caballo quedando yo por unos minutos más alto que todos. El manso equino por fortuna ni se movió. El peso de un muchahito de 7 años debió serle insignificante.

El entorno rural de la vereda Portachuelo no podía ser más distinto al mío, por los largos silencios de la montaña, el canto ocasional de las aves pasajeras, el ruido lejano de una cascada y donde al ponerse el sol terminaba el día y uno obligadamente se alumbraba con velas y con suerte se escuchaba la señal del transistor para saber qué pasaba en el mundo.

El escritor Leonidas Amaya. Archivo familiar en Facebook.

Leonidas era un señor alto y grueso y entiendo que ya trabajaba como herrero y fundidor, oficio al que dedicó sus mejores años con grandes exigencias físicas y destrezas. No sabíamos que le gustara escribir y lo supimos más de una década después, cuando luego de otro encuentro fortuito mi papá llegara con una copia de 280 páginas firmada por Leonidas de “Apuntes y cachos salamineños” impresa en 1975.

Mi papá estuvo muy orgulloso de su amistad con Leonidas y mucho más cuando en un renglón del escrito, su primo lo cita como contador de historias de espanto. Dato curioso considerando que mi papá era incrédulo en todo lo que él mismo no pudiera comprobar, según me lo confirmó a sus 93 años en la antesala de su muerte.

Leonidas cursó con gran esfuerzo el tercer y cuarto grados de secundaria en 1945 y 1946 en el Instituto Salamina y en el Instituto Universitario de Manizales. Se enrola en la Escuela Naval de Cadetes de Cartagena en 1947, que abandona en noviembre del convulso año de 1948.

En 1972 inicia actividades políticas como candidato al Concejo Municipal de Salamina y en 1974 con casi 6000 votos alcanza un escaño en la Asamblea Departamental de Caldas con una lista liberal alternativa de izquierda y el honor a la presidencia de la corporación.

Le siguieron 3 nuevas obras literarias: “Crónicas de Atilano Cantor” en 1981, “De centro y de provincia” en 1988 y por último “Rutas del folkllore” en 1997. Varios textos que las componen fueron incluidos y elogiados en los suplementos literarios de “La Patria”, “El Tiempo” y “El Espectador”.

Leonidas se califica como un escritor de provincia con ingredientes del Costumbrismo de Carrasquilla, en ocasiones jocoso y hasta poético donde se narra la vida rural, lo simple y dramático de pueblos dormidos y negados al progreso y al cambio, dominados por un cacique de turno como en Salamina, de donde mucha de su gente siguiendo a mi papá y a Leonidas, un día salieron para nunca volver.